La Leyenda de El Dorado
Por Randall Floyd
Escritor radicado en Augusta.
Tan pronto como fue descubierto el Nuevo Mundo, comenzaron a circular historias por todo Europa acerca de la existencia de una legendaria ciudad de oro en Los Andes.
Increíbles riquezas aguardaban a cualquiera con la suficiente fortaleza y suerte para encontrar la extraordinaria ciudad, conocida como El Dorado.
La búsqueda de El Dorado se convirtió en misión para jóvenes conquistadores aburridos en busca de gloria y aventura. Muchos perecieron en las selvas o montañas, sin siquiera imaginar que El Dorado no era una ciudad, sino un hombre.
La leyenda de El Dorado alcanzó el Viejo Mundo a través de los españoles que acompañaron a Cristóbal Colón a Centroamérica. A donde fueran, los soldados bajo el mando de Balboa y otros exploradores escuchaban fascinantes historias acerca de la extraordinaria ciudad de oro.
A medida que se internaban en Sudamérica, españoles y otros europeos estaba emocionados por la promesa de grandes riquezas. Historias exageradas acerca de El Dorado fueron contadas por los indios Chibeha, adoradores del sol que habitaban las mesetas a 8,600 pies de altura cercanas a la actual ciudad de Bogotá, logrando encender la imaginación de los expedicionarios. La tribu Chibeha, se ha dicho, veneraba el oro por considerarlo el metal de su dios. Por siglos usaron ornamentos de oro y cubrieron sus construcciones con hojas del metal precioso.
Algunos indios hablaron de un lago sagrado, repleto de oro. Otros dijeron haber encontrado un cacique en una ciudad llamada Omagua.
A medida que la historia se esparcía, El Dorado comenzó a ser imaginado como una ciudad de oro; hasta fue representada en antiguos mapas del Brasil y Guianas (Guyanas), con una localización vaga.
En la década de 1530, alemanes y españoles enviaron expediciones a lo que hoy es Colombia, en busca de El Dorado. Pero las montañas les negaron el acceso, y fueron forzados a volver cuando sus provisiones se agotaron.
Más de la mitad de los hombres fueron muertos en escaramuzas con los indios, y todas las expediciones fracasaron.
Pero la leyenda de la fabulosa ciudad todavía atormentaba a los cazadores de fortuna, y las mismas palabras se repetían en sus labios, "El Dorado", llegando a ser sinónimo de "El Lugar de Oro", y su verdadero significado —"El Hombre Dorado"— fue ignorado.
Los Chibchas adoraron no solo al sol, sino también a un ser que, según se decía, habitaba las profundidades el lago. Algunos dijeron que se trataba de la esposa del cacique, quien se había arrojado a sus aguas siglos atrás para escapar de un terrible castigo, y que había sobrevivido allí como diosa.
Los indios peregrinaron para ofrendar a la diosa del lago, y al menos una vez al año el lago se convertía en centro de una elaborada ceremonia.
Los hombres de la tribu ungían a su jefe con una resina pegajosa para luego soplar polvo de oro sobre su cuerpo, hasta dejarlo completamente dorado, literalmente "El Dorado". Luego era conducido en magnífica procesión hasta una balsa a las orillas del lago. La balsa era llevada hasta el centro del Lago Sagrado Guatavita, donde el jefe se sumergiría en las heladas aguas para dejar su ofrenda en el lago, mientras los otros arrojaban invaluables ofrendas de oro y esmeraldas.
La historia de El Dorado no se extinguió con los conquistadores. Exploradores, en los siglos XVII, XVIII y XIX, incluyendo al gran científico naturalista y explorador Alexander von Humboldt, buscaron el legendario tesoro.
No se encontraron rastros de El Dorado hasta 1969, cuando dos agricultores extrajeron un exquisito modelo de balsa, construida con oro sólido, de una pequeña cueva en las cercanías de Bogotá. A bordo de la balsa se encontraron ocho pequeños remeros, con sus espaldas vueltas hacia la figura de oro real de su jefe.
El Lago Guatavita aun se niega a mostrar sus tesoros de oro. No obstante, esmeraldas y algo de oro fue encontrado en los bancos fangosos, las heladas profundidades del lago nunca fueron sondeadas. Por lo que es sabido, las ofrendas a El Dorado —el Hombre Dorado— permanecen en el fondo del lago sagrado.
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